It's only you stopping you.

viernes, 16 de junio de 2017

Recuerdos inamovibles.

El repiqueteo de las primeras gotas de lluvia sobre el asfalto llenó el incómodo silencio que había entre los dos jóvenes. Todos los transeúntes parecían haberse dado cuenta de la incipiente tormenta que anunciaba, excepto ellos, más pendientes de qué debían decir que de su intrascendente entorno.

- Sophie, sé que quieres decirme -habló por fin, el chico, con el semblante hastiado por lo cómico y, a la vez, triste de la situación-. No es como si nos conociéramos desde hace poco y, además, una de tus virtudes es que tu mirada transmite más que tus palabras.

- Probablemente sea un defecto -musitó ella, hinchando las mejillas durante una milésima de segundo de forma que fuera casi imperceptible. - Sinceramente no recuerdo cómo ni cuándo empezó este sentimiento de vacío en mí respecto a nosotros, dentro de la sinceridad que puede haber en unos recuerdos subjetivos. -Su mente desconectó por unos instantes, divagando entre una corta proyección de los momentos más felices de ambos, acompañados justo después de los más amargos. Entonces se dio cuenta que ella nunca se había sentido completamente llena a su lado, tenía esa sensación constante de ir detrás de sus huellas, pisando con cuidado justo donde él acababa de pisar. Como si fuera una sombra, sin serlo.

- ¿Tiene esto que ver con lo que solías decir últimamente de sentirte inferior a mí?

En el presente, Sophie, tumbada en su cama, recordó cómo en ese momento esa frase dejó su mente en blanco, un chasquido de dedos suficiente como para apagar todas las luces que iluminaban su consciencia. 

lunes, 29 de mayo de 2017

Mi vacío existencial

No recuerdo en qué momento empecé a sentirme así, sólo sé que un vacío se formó dentro de mí. Podría ser similar a la indiferencia, pero con la variable de que no era capaz de sentir nada descriptible. ¿La ausencia de sentimiento es una emoción en sí? Lo desconozco, lo único de lo que tengo constancia es que desde entonces no hay nada que haya podido llenar ese vaso vacío. Lo que solía divertirme, lo que me hacía feliz, lo que me abstraía resultan sólo en pasatiempos momentáneos. No me llena, no me hace sentir, no siento, sólo es un engaño, un espejismo que me hace creer durante instantes que eso ya no está en mí. Pero, por si lo olvidaba, cada vez aparece en mi mente de forma más intensa.

Similar a un huracán, pero de abstracción. Puede aparecer en cualquier instante, en cualquier sitio, no es como si se molestara en pedir permiso. Su arrogancia va más allá de lo que uno pueda querer. Aunque, de forma subjetiva en este caso, lo peor es la nostalgia. Como definición, sentir pena por la ausencia de algo. Nostalgia de no-vacío. ¿Cuándo nació esto en mí? No podría responderlo. Pero podría responder con una rapidez asombrosa cuándo no me sentía así.

Sin embargo, y arriesgándome a que suene irónico, ya no sabría ser yo sin mi nada. Una relación simbiótica parasitaria que terminó en mutualismo. Quizá sería exagerar, comensalismo permitido sería más afín. Te quiero y te odio a partes iguales, mi relación más tóxica. Mi vacío existencial. 

jueves, 8 de diciembre de 2011

Lo verdadero.

Me sonrió y siguió comiendo. Athan… qué escondes debajo de esa sonrisa. Algo debes tramar, algo hay en tu mente que no me produce buenas vibraciones. Algo más allá de lo que yo pueda imaginar.

-Muchas veces me he preguntado qué pasaría si el mundo se destruyera –empezó él-. Si se extinguiera toda raza exceptuando dos especies. Las más fuertes, las más feroces. Cuán más primitivas mejor. Y que tuvieran que luchar entre ellas para conseguir comida, para conseguir llegar más allá de la extinción masiva. Me pregunto si los humanos seríamos este tipo de supervivientes.

-Te aseguro que no –sentencié.

-¿Por qué no? Somos la especie más inteligente.

-No a nivel primitivo. Imagínate que nos destruyen todo lo que conocemos actualmente como mundo, no quedaría nada, tendríamos que luchar para conseguir lo que queremos. Apenas sabemos luchar, no sabemos desgarrarnos la piel, destrozarnos los huesos y seguir luchando. Eso no es instinto animal. Nos han adiestrado como han querido –bebí un poco del agua de mi vaso-. No seríamos más que un aperitivo para los demás, si eso pasara. No somos lo suficientemente valientes como para arriesgar nuestra vida por los demás.

-¿Demasiado egoístas quizás?

-Quizás –alcé los hombros-. Pero demasiado simples, eso seguro.

-¿Por qué simples? Sigo pensando que no es así, somos la especie más inteligente y más evolucionada.

-No a nivel carnal –solté un largo suspiro, no había manera de razonar eso para que le entrara en la cabeza-. Hoy en día, para sentirnos seguros de nosotros mismos necesitamos, por ejemplo, un móvil que nos haga todo lo que no podemos hacer nosotros, que sea capaz de expresar lo que sentimos sólo con tocar algunas teclas. Es más fácil escribir que decir, pensar que demostrar, jurar que actuar. Por eso, somos demasiado simples. Nos centramos en cosas que no necesitamos, les damos importancia a objetos que deberían ser usados, y acabamos usando a quiénes deben ser amados. Ese es el gran problema que tenemos y que tú, probablemente, nunca llegarás a comprender, querido Athan.

-¿Es eso una indirecta negativa?

-Sólo si te sientes aludido por ella.

-No lo hago –dijo, con firmeza.

Demasiado simples, repetí en mi cabeza. Ese es el problema de la mayoría. No hablo de perfeccionismo, ni tampoco de complejidad, más bien de simplismo por abandono de los sentidos. No necesitamos esforzarnos para nada, nos lo dan todo hecho, y ahí es donde empieza nuestra involución.

martes, 6 de diciembre de 2011

Lo imperceptible.

Y así pasaron las horas. Entre clase y clase, notaba como su mirada se clavaba en mi espalda. La notaba recorrer mi espina dorsal, arriba y abajo. Sin cesar. No sabía qué querría de mí, si realmente era una cita o sólo una excusa más para reírse de mí. En breves lo sabría.

Las clases ya habían terminado, y todo el mundo se estaba yendo. Cogí mi bolsa y alguien me cogió de la coleta suavemente.

-No huyas –sonrió.
-No iba a huir de todos modos.
-Quién sabe –murmuró-, no sería la primera vez que me dejan plantado, así que. No me lo tomaría a mal.
-He dicho que tampoco iba a hacerlo.

Ahí concluyó la conversación hasta que llegamos al lugar más cercano donde la comida resultaba más o menos apetecible y eran algo más que grasas sobresaturadas. Pese a eso, el silencio duró poco.

La gente no entendía que un silencio no eran minutos perdidos. Al contrario, un silencio a veces sentenciaba mucho más que unas palabras. Un silencio se transformaba súbitamente en una destrucción masiva. Y sin embargo, resultaba un apocalipsis producido de la nada.

sábado, 12 de noviembre de 2011

¿Pero puedo decirlo?

Mis ojos están brillando, porque estoy aquí, afuera.
En el otro lado del espejo negro del hotel.
Y estoy tan débil.
Es tan difícil de entender, estoy incompleto.


Y regálame una sonrisa que sepa a agua marina. Que sepa a todos los recuerdos del ayer, impregnados en cada uno de mis pelos erizados de mis brazos. Regálame una sonrisa que olvide porqué brotaban mis sentimientos más allá de mi cuerpo, que olvide porqué sólo te veía con los ojos cerrados. Porque todo volvió a ser oscuro en un lugar iluminado por el esplendor.

Y regálame un beso que me haga aprender porqué no puedes quedarte, donde muchas luces forman una sombra. Que me haga aprender donde perdí el hilo que llevaba al interior de las cosas, el motivo de los hechos, de los roces sin derechos. De una vida sin recuerdos.

¿Pero qué puedo decir?
Ante una vida que es tan exigente, me vuelvo débil.


Y regálame una caricia que recuerde que aún sigo vivo, que mi corazón sigue latiendo, que mis dedos siguen sintiendo. Que no lo he perdido todo más allá de una de mis arterias principales. Y, sin embargo, no dejaré que mis esperanzas broten en el suelo. Las cortaré para hacerlas crecer en otra maceta, donde la tierra sea firme y huela a agua marina.

Porque donde nace una flor, antes hubo una tormenta.

Ahora sé, que no puedo hacer que te quedes.
¿Pero dónde está tu corazón?

jueves, 27 de octubre de 2011

Flashback

Abro los ojos una vez más. Cojo aire, lleno mis pulmones de aire, lo expulso. Así reiteradamente. Dónde estoy. A mi alrededor, hay gente, mucha gente. Mis miradas y las suyas se cruzan entre sí. Su expresión es similar a la mía. Cómo llegué aquí.

Mi hombro choca con el de otra persona. Nos miramos. Es perfecto. Lo demás desaparece, se acerca a mí. No sé quien es, pero es como si lo conociera de toda la vida. Como si le hubiera querido durante toda mi existencia. Como si él me hubiera estado esperando. No lo conozco, no sé poco más que le he amado desde que llegué aquí, y sin embargo, me besa.

Lo siento todo de golpe, siento sus labios oprimiendo los míos, su calidez encima de la mía. No sé cuanto tiempo ha pasado, pero seguimos juntos. Y los besos van aminorando, y el verano deja paso al invierno, y no hay transición de otoño. ¿Por qué duele tanto? ¿Por qué estamos tan lejos? Se acerca a mí, cierro los ojos, me besa.

Tiene sabor a último beso. Y, sin poder evitarlo, todo empieza a marchar de nuevo. Él se gira y sonríe. Vuelve a andar, se aleja. Era perfecto. La gente sigue chocando conmigo, pero no se percatan que estoy ahí, o no le dan importancia. Hay más gente, pero esos ya no se acercan a mí.

Miro hacia atrás por última vez. Ese chico, está muy lejos. Apenas puedo recordar su nombre, sin embargo, recuerdo el sabor de cada beso, el sabor de cada sentimiento fluyendo dentro de mí. Intento ir hacia atrás, pero no puedo, no puedo moverme en dirección contraria.

Evitando que mis recuerdos broten más allá de mi cuerpo, doy un paso hacia delante. Y otro más. Y otro. Empiezo a andar, soy una más entre la gente que avanza. Hacia delante.

Abro los ojos una vez más. Cojo aire, lleno mis pulmones de aire, lo expulso. Así reiteradamente.

domingo, 23 de octubre de 2011

Relativamente

Felicidad.

¿Qué es la felicidad? ¿Qué es realmente sentirte feliz?

¿Un sentimiento altamente volátil, es capaz de hacerte... feliz?

No lo sé. La felicidad viene y va, como una noria. Te sientes en la cumbre, y bajas en picado al acecho de la oscuridad. Y luego sin pensarlo, sin quererlo, vuelves a subir. Y estás arriba, te mantienes a flote más o menos tiempo, y vuelves a bajar. Es un círculo vicioso.

Y sin embargo, te obstruyes en tu mente esos recuerdos que te hacen desaparecer de lo que llamarías la tranquilidad absoluta. De lo que llamarías estar bien. Cosas relativamente relativas, relativamente sin sentido.

No puedo dejar de ser feliz, no puedo dejar de estar triste.

No puedo dejar de ver el sol, no puedo dejar de vivir en la penumbra.